Aine, la diosa celta del amor y la fertilidad, era tan radiante como la luna llena sobre las colinas verdes de Irlanda. Conectada a los ciclos de la tierra y al brillo nocturno, caminaba entre los hombres y las hadas, uniendo ambos mundos con su encanto. Para los campesinos, era una protectora generosa, garantizando cosechas abundantes y la renovación de la vida. Pero también poseía un espíritu libre, imposible de domar, y no dudaba en castigar a aquellos que intentaban subyugarla.
Cuenta la leyenda que un rey intentó tomar a Aine por la fuerza, sin darse cuenta de que jugar con una diosa era un error fatal. Con un simple toque, ella selló el destino del monarca, convirtiendo su arrogancia en tragedia. Desde entonces, su nombre fue susurrado con respeto, y los antiguos irlandeses hacían ofrendas para asegurar su bendición. En noches claras, creían que su espíritu danzaba en los campos, trayendo fertilidad a la tierra e inspirando corazones apasionados.
Pero Aine no era solo una figura de bondad. Su poder también se manifestaba en tormentas repentinas y pasiones incontrolables. Ella representaba el deseo y la libertad, guiando a aquellos que se atrevían a seguir sus sentimientos sin miedo. En cada ola que brilla a la luz de la luna y en cada brisa que eriza la piel, su presencia aún puede sentirse, recordándonos que el amor y la fuerza siempre van de la mano.
Peso: 280 g
Altura: 20 cm
Longitud: 13.5 cm
Ancho: 12 cm
Imágenes meramente ilustrativas.
Producto frágil.
Pintura semi manual, resultando en diferencias individuales en cada producto.